Ambivalencia

DramaSi tuviera que describir mi estado de ánimo ultimamente, diría que estoy ambivalente,  porque siento a la vez ilusión y desilusión, animo y desánimo: por un lado he disfrutado una boda preciosa, un banquete familiar y una luna de miel maravillosa recorriendo Portugal, un país acogedor y bellísimo. Además, el curso online que estoy haciendo me gusta y estoy aprendiendo mucho, mi familia y mis amigos están bien y ha llegado el calor veraniego (un poco sin avisar y sin dar tiempo a prepararse, pero ¿qué se le va a hacer?).

Pero por otro lado veo a mi país, la sociedad en la que me he criado y he crecido, la que yo creía democrática y libre, que ya no me parece ni tan democrática ni tan libre. Los diferentes gobiernos, tanto nacionales como autonómicos, que hemos sufrido y seguimos sufriendo, justifican su política en contra de los intereses de la inmensa mayoría de la sociedad en el hecho de haber sido votados, pero lo han sido para cumplir todo aquello que prometían en su programa electoral. Incumpliéndolo sistemáticamente desde el mismo momento en que llegan al poder, pierden su legitimidad, por más que argumenten que su poder emana del Parlamento (no hace falta saber mucho griego para entender qué significa democracia). Y que no nos hablen de herencias: no me acuerdo de ninguno que lo haya hecho en condiciones, y siempre le han echado la culpa al anterior.

Cuando murió Franco yo estaba en quinto de EGB. El profesor de Ciencias Sociales, franquista hasta la médula (y un déspota de cuidado que le pegaba capones a los niños en la cabeza con un anillo con una enorme perla para hacerles aún más daño) vino el siguiente día de clase con los ojos rojos y un brazalete negro, y nos hizo aprendernos de memoria el discurso que dejó escrito el dictador en sus últimos días. Yo creí entonces, a mis once años y como más de media España,  que era una pena, que aquel abuelito con voz chillona había hecho mucho por nuestro país: mantener la paz, salvarnos de los rojos (que por lo malos que eran, debían ser demonios  disfrazados) y construir pantanos para que nunca faltase el agua.

Vislumbré el lobo bajo la piel de cordero unos años después, cuando supe que aquel señor bajito que iba siempre vestido como de Primera Comunión, en septiembre de 1975, apenas unos meses antes de su muerte y estando ya muy enfermo, firmó la sentencia de muerte de cinco personas condenadas en consejos de guerra llenos de irregularidades,  a pesar de las presiones internacionales y de las súplicas del papa Pablo VI (¡y eso que era de misa diaria!) y hasta de su hermano Nicolás, una de las pocas personas cuya opinión solía tener en cuenta.

Tardé unos años más en entender qué es un golpe de Estado, una guerra civil, una dictadura, sólo algunas de las cosas terribles que causó este hombre. Yo lo aprendí en los libros de historia, pero mucha gente que aún vive los sufrió: algunos perdieron a sus seres queridos, otros tuvieron que abandonar su país o tener lejos a su familia por sus ideas políticas, muchos otros estuvieron en prisión.

Y mi inquietud es que poco a poco volvamos a esos tiempos oscuros por culpa de los políticos y de los mercados (o de los mercados y los políticos, ya que no está tan claro quién es el señor y quién el vasallo) que nos quiten los derechos y las libertades que tanto ha costado conseguir de una en una, metiéndonos el miedo en el cuerpo a golpe de recortes, mentiras y represión policial. Prefiero creer que podemos hacer algo para impedirlo para no hundirme en una pesadumbre paralizante.

Por la misma razón, quiero terminar positivamente este post, anticipando que el viaje a Portugal ha sido realmente estupendo, tanto como para merecer una entrada completa con detalles y fotos. Vaya como adelanto ésta, la vista del Puente 25 de Abril desde la Torre de Belém.

Puente 25 de abril desde la Torre de Belém

Anuncios